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25/12/2004

Paredes

Por fin me he dado cuenta de porqué les oigo hablar tan alto, ahora sé con certeza que discuten. He entendido perfectamente como ella alborotada le respondía que estaba harta, cuando él mencionó la plaza de garaje. No estoy segura de que la gente pueda discutir sobre las plazas de garaje, así que espero poder aguzar más el oído la próxima vez que pase, la próxima vez que discutan. Les oigo desde el baño, porque aquí las paredes son muy delgadas. Él no vive aquí, pero pasa muchas noches junto a ella, aunque por la noche no gritan de esta forma, y tengo que esforzarme por saber si esta noche ha venido, porque siempre aparece a las tantas de la mañana y yo suelo irme pronto a la cama. Apenas hacen ruido por la noche, pero ya he aprendido a distinguir cuándo entre las noches solitarias y sus visitas, que se van haciendo cada vez más espaciadas. Al principio sólo distinguía pequeños golpes amortiguados, rítmicos contra la pared de mi cuarto. Nunca discuten en la habitación, allí solo van a zanjar sus asuntos y a reconciliarse. Para oírles discutir tengo que encerrarme en el baño, que da pared con pared con el salón. Ahora que sé que no están hablando, que discuten casi todo el tiempo, cada vez que entro en el baño me concentro para escuchar mejor lo que dicen, y hasta voy más veces de las que necesito sólo por ver si han hecho las paces o siguen erre que erre con lo de la plaza de garaje. Cuando él pasaba más noches aquí, solía entretenerme en descifrar los ritmos que pintaba su colchón. Ahora apenas viene un par de noches a la semana, y siempre le oigo porque al entrar da un tremendo portazo que hace temblar hasta los cimientos del edificio, y no tengo que descifrar ningún sonido sordo porque son perfectamente audibles sus gemidos de bestia malparida, y si alguna noche por la razón que sea estoy tan profundamente dormida que no oigo su llegada, me despiertan los golpes en mi almohada, porque mi cabecera y su cabecera se enfrentan en la misma pared, y estos golpes son tan fuertes que los noto para mí como una llamada de socorro, y me dan ganas de levantarme y golpear su puerta y gritarle, machacándome el puño contra la madera, gritarle que la deje en paz, que a ella no le gusta eso, que la deje en paz y la deje dormir y me deje a mí dormir también, porque desde que sólo se pasa como un par de noches a la semana yo tengo pesadillas y paso la mitad de la noche en blanco, oigo el portazo cuando se va y los sollozos de ella, eso sí que lo oigo claro; porque hablar se puede hablar muy alto y no estar gritado, pero aunque se llore muy bajo, nadie te va a quitar que estás llorando. A veces me la cruzo en la escalera y me gustaría pensar que soy su madre y puedo ayudarle, porque aunque mira que lo intentamos veces mi marido y yo nunca tuvimos hijos, pero una vez estuvimos cerca. Mi marido duerme con tapones de cera y no oye nada, pero se despierta muy fácil si me levanto por la noche, con el subir y bajar de la cama tan solo, y yo he aprendido a no ir al baño, a hacerlo en el orinal que tengo al lado de la cama, aunque ya he dicho que por la noche no discuten, ahora apenas discuten sí ya por el día. A todo se acostumbra una, quiero decirle también, pataleando en su puerta, inmóvil en mi cama, por no despertar a mi marido que desde que le diagnosticaron la úlcera está bastante manso.

24-11-2003

20/12/2004

El hombre de mi vida murió hace 102 años

Y además era homosexual, vestía estrafalariamente y estuvo en la cárcel. Oscar O'Flaherty Wills Wilde, para más señas, Oscar Wilde. Nació mediado el siglo XIX, en la plenitud del reinado de Victoria de Inglaterra, y murió, en los albores del siglo XX, todavía bajo esta reinante. En ese encuadre de plenitud y desarrollo británico (desarrollo industrial, económico y como potencia puntera), transcurrieron 44 años de una vida que aún hoy nos resulta admirable, si la observamos con esa lente que él siempre aplicaba, y que nos muestra las cosas bellas hasta en las acciones más mundanas. Porque este muchacho, hijo de un célebre oftalmólogo ebrio de notoriedad (rasgo que heredaría) y de una mujer reactiva, apasionada de la política y colaboradora de un diario revolucionario de Dublín, cometió la osadía de escribir en el prefacio de una de sus dos únicas novelas (El retrato de Dorian Gray), a modo de manifiesto, sentencias tales como "Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan únicamente belleza", "Ningún artista es nunca morboso", "Vicio y virtud son para un artista materiales de un arte".
En estas se aprecia el catecismo de uno de sus preceptores en Oxford, que pretendía una nueva religión del arte y la belleza, como un resurgimiento de la tradición hedonista. Antes de llegar a Oxford, había pasado por dos años de universidad en Dublín y una infancia rebelde, enfrentándose a las convenciones y a lo cotidiano hasta en los más mínimos gestos, como cuando en la escuela se negaba a practicar deporte, tan de boga entre la burguesía victoriana.
Malogra (¿realmente?) su herencia a la muerte de su padre haciendo un viaje por Grecia e Italia, de donde vuelve renovado, apasionado por la antigüedad clásica y cómo no, endeudado. Se ve obligado a reducir su tren de vida.
En contraste con la literatura oficial, conformista, rígida, en una palabra, burguesa, se remarca a Oscar Wilde como el abanderado de un movimiento de renovación, aderezado con los últimos coletazos del romanticismo y el contacto con la escuela simbolista francesa.
Ese París decadente y bohemio de finales de siglo le cala, le lleva a escribir en francés su Salomé, y a morir en la oscuridad, alcohólico, abandonado de todos en aquella Ciudad-Luz.
El brillo en Oscar Wilde no se ha apagado 102 años después de su muerte, ni se apagó en lo que duraron aquellos años de vida feliz tras su matrimonio. Curiosamente es en esta época, más o menos asentada, ya convertido en padre de familia, cuando se propuso escribir más en serio, si esta palabra puede aplicarse a algo relativo a nuestro personaje. Así publicó un volumen de cuentos, El príncipe feliz, dotados de un componente adulto sorprendente, basta remarcar la historia de la Infanta; sus dos novelas: El crimen de Lord Arturo Saville y la ya citada El retrato de Dorian Gray, en las cuales estampa terriblemente (sin perder en la perspectiva el lado terrible de lo patético) la naturaleza humana en todas sus condiciones, con esa fina ironía del humor inglés. Tras ello, se dedicó a la comedia de enredo, enredando con paradojas y juegos de palabras, que le hicieron verdaderamente conocido; tanto que su vanidad crecía imparable. Se decía or entonces que no tenía enemigos, tan sólo "amigos que le detestaban cordialmente". Se había separado de su esposa, mucha gente se negaba a saludarle y era considerado una compañía nociva. Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa inútil en tanto no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente.
Tras el proceso, durante el cual no perdió la insolencia y rebeldía que le caracterizaban ("¿Reconoce usted que esta carta es inmoral? -Es mucho peor, está mal escrita"), Oscar Wilde fue hallado culpable de mantener relaciones un tanto sospechosas con el hijo de un marqués (el marqués fue quien interpuso la querella, por "difamación"). Se vio obligado a pasar dos años en la cárcel, donde siguió escribiendo. Así vio la luz La Balada de la cárcel de Reading, en la que un condenado revive la causa de su encierro. Y todos los hombres matan lo que aman, oíd, oídlo todos: algunos lo hacen con una mirada amarga, otros, con una frase lisonjera. ¡El cobarde lo hace con un beso, el valiente, con una espada!
Al salir de la cárcel, desacreditado, humillado, se refugió en París, donde aún reposa su cuerpo. Nadie se pregunta porqué todavía hoy su figura sigue siendo fascinante. Las incongruencias perviven, y fue por encima de su obra literaria, su gran obra, su vida. Todo arte es completamente inútil.
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20/12/2004 10:30 Enlace permanente. Tema: Rememorando viejos tiempos No hay comentarios. Comentar.

22/11/2004

Extraño alegato #2 (Matrimonios mal avenidos)

Insiste la ciencia de la rumorología en desprestigiar a quien se precie, y ¡ay de aquel que no cuente en su haber con su propio chisme truculento, de esos que a veces llegan a ponerte la piel de gallina, o esos otros que hacen estallar en carcajadas para, con un silencio culpable, delatarse ante el individuo cuando éste pasa justo por delante!
Las apariciones del Rey de Roma son más chistosas que espeluznantes, aunque a veces te deje cara de limón cuando tú intentas sin éxito esconder tu sonrisa, tú que posiblemente pertenezcas al grueso de la población con magnetismo para estas situaciones, tú que te sientes injustamente calificado de gafe, ya que las consecuencias son tan similares. Que sepas que tu diagnóstico ha sido erróneo, gafe de palabra con tendencia a meter la pata y a hablar de las personas que justo justo se acercan por tu espalda. Simplemente padeces de incontinencia verbal, lo que tradicionalmente se ha llamado el Mal de las Marujas. La enfermedad del siglo pasado y la que arrasará este siglo. No volveré a dar mi opinión sobre la televisión de hoy en día, porque los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, así de lo que no hable no existirá para mí. Bienaventurados los ciegos, porque no tienen que ver todo lo que yo veo, porque como cualquier mortal lleno mis huecos libres con grandes hermanos y ex de los ex de alguna vedette o vieja gloria.
Mi hermana pequeña me ha contado un rumor sobre una cantante muy chula y muy incestuosa que podría haber muerto de sobredosis. Lo cojo con pinzas, porque supongo que todos hemos pasado por la misma etapa en los primeros años de instituto, cuando los rumores pasan calientes de boca en boca, y es que en mis años de instituto sufrí varios accidentes de avión de Robbie Williams, y claro, cuando John John Kennedy cae en su avioneta o Aaliyah se estrella ya has llegado al punto de no creerte nada, como Santo Tomás, si no lo tocas. Porque además se dice de los españoles que vemos con las manos, y al decir "Dejame ver" ya todos lo interpretamos por un "Pásamelo". Como el caso de los hijos de Saddam, fotografiados cadáver para dar la vuelta al mundo, porque ya nadie se creía que hubieran muerto en la guerra y Bush y su gabinete se vieron obligados a enseñarlas, orgullosos. Digo yo que nadie conocerá mejor a los hijos de un dictador que alguien que viviera bajo ese régimen, y llega a mis oídos, pasando sólo por un intermediario de confianza (graciass y perdón ;) que aquellos de las fotos no eran ellos. Se pueden sacar muchas conclusiones. De las guerras mediáticas, y ya no de las guerras sino de países que van bien, yo ya no me fío. Pero la información en este caso me ha llegado casi directa, y no ha podido crecer tanto la bola para que ya no sea verdad el rumor, como ocurre muy a menudo.
Los rumores son como las bolas de nieve, y están emparentados de cerca con las leyendas urbanas. Creo que hace unos años llegó a mis oídos la historia de un chico, un adolescente, que iba a una discoteca, la stripper le subía con ella a la plataforma y empezaba a desnudarle, hasta dejarle en cueros. La semana pasada (que es una fecha imprecisa) me contaron de nuevo la historia, añadiendo algún detalle lamentable. Otra vez la fuente era de confianza, e incluso habló de la existencia de un video. He oído muchas otras leyendas, como la de los veraneantes en Cuba a quienes les roban todo menos el cepillo de dientes y la cámara de fotos, y que al revelar el carrete de vuelta a casa descubren que el cepillo, que han estado usando todo ese tiempo, había pasado por impúdicos lugares... Conozco más leyendas escatológicas, porque me las cuentan, y así transmitiéndose quien sabe si al principio la historia de los turistas fuera un poco más inocente. Y quien sabe si la gente que la lee de mi mano, cuente a su vez una versión más fuerte. Lo que quiero decir, es que los rumores e historias nos rodean, y así aquí en Ponferrada se han oído varios últimamente, como que hay un microondas escondido en un cuarto en la primera planta. Hay uno que afirma que un profesor guarda un látigo en su despacho, y quien lo contó era cómplice de tener un látigo, aunque me temo que no era para fines privados, sino para azotar alumnos. Se ha dicho que este año los de tercero no van a ser los niños bonitos. Otro que he oído a principios de curso, que me contaron susurrando y que me resisto a creer, es que este año no va a haber becas, y ahora que estoy llegando al final, reconozco que no tengo intención de hablar de los matrimonios mal avenidos, porque la gente que oyó el rumor cuando yo ya sabe quienes forman las partes del divorcio.
22/11/2004 09:00 Enlace permanente. Tema: Rememorando viejos tiempos No hay comentarios. Comentar.

17/11/2004

Extraño alegato #1

Hace ya un tiempo, tanto que no recuerdo lo que llevaba puesto ese día, ni qué había desayunado en la mañana ni el motivo que nos había llevado a aquella situación (la amnesia recurrente es, en términos de estadística, el principal motivo de olvido de los recuerdos dolorosos); hace tanto tiempo que apenas recuerdo cómo era entonces, y no consigo ver si he cambiado en algo o me han crecido; sé que era una tarde soleada en el Campus de Ponferrada, aunque sólo esté segura del lugar y no del tiempo meteorológico.
Resulta que cuando oigo hablar a la gente de cosas que no sabe me enervo, y en esos casos prefiero apretar la mandíbula por dos razones evidentes que pueden devenir en la misma: cerrar la boca para no hablar y perderme en mis palabras, desinflarme; y cerrar la boca para evitar que la rabia, efervescente, imparable en su ascensión por mi estómago, esófago, estallara en mi boca. Ese era el plan: callar por no estallar ni desinflarme; sin decir por esto que mis razones fueran menos válidas que las de los demás, pero yo que me conozco, sé que razono mejor escribiendo que a voces, que era como iba a acabar todo, porque a mi padre nadie lo toca y es que ellos le estaban menospreciando aun sin saberlo.
Por ello, al margen de la reunión oficial, y en un principio con la única intención de ordenar mis pensamientos, imaginé que alzaba la voz en aquella reunión hasta un nivel razonable, y con todo el respeto del mundo soltaba al aire unas cuantas verdades.
Porque doquiera que voy preguntando me aseguran que las becas -¿quién ha sido? ¿alguien ha dicho polémicas? Conste que yo no he puesto juntas en una misma frase "polémicas" con "becas" o al menos juro sobre El retrato de Dorian Gray que no lo he escrito, porque la gente dice muchas cosas en momentos de ofuscación, y en momentos de inspiración- se rigen por los mismos estatutos que las del ministerio (disculpen las minúsculas) y que luego hay una comisión que lo decide.
A partir de aquí lo que expreso sólo ha sucedido en mi mente, y si acaso en la conciencia de algún privilegiado que la conserve.
Desgraciadamente dudo que sean las del ministerio, porque me resulta muy rato que el ministerio discrimine así a un colectivo como son los agricultores e hijos de agricultores. Porque la agricultura -actividad tristemente despreciada hoy en día- es el oficio más antiguo del mundo, y no como dicen por ahí que es la prostitución.
La prostitución, en las primeras etapas del hombre, no estaba reconocida como delito, porque todo viene de la naturaleza del hombre y su instinto de supervivencia. Se sabe bien poco en materia de sociología, pues todo se basa en suposiciones, y no soy yo precisamente quien conoce la verdad, pero fue más tarde, al surgir la especialización hombre cazador-mujer recolectora, que algunos especimenes decidieron especializarse en esta otra actividad. La separación tradicional de actividades es un estigma que aún está por curar, y que merece un articulito aparte.
Por todo esto, considero la prostitución posterior a la agricultura, que en su más primitiva forma consistía en recoger, en el lugar y el momento idóneos, los frutos que son para estas plantas sus esperanzas de futuro, ampliando así de esta forma la dieta de esos primitivos hombres de los que hemos evolucionado, y es así y no por generación espontánea que surgieron los vegetarianos, aunque como todo el mundo sabe no forman una especie aparte porque la reproducción entre carnívoros y vegetarianos es factible, y a veces salen hijos vegetarianos de padres carnívoros, y viceversa.
Todo esto a modo de introducción histórica, y se me permitirá que me extienda porque me está quedando bonita la disertación.
Pues bien, en la agricultura primitiva ese lugar y tiempo idóneos, regidos al azar por la naturaleza, se traducen hoy en día en lugares concretos (fincas heridas por arados) pero en un tiempo que aún designa la naturaleza: el determinado para cada producto, y en esto poco o nada ha cambiado desde la antigüedad, por mucho ciclo corto o largo que tenga el maíz.
Ese tiempo natural, tiempo biológico, queda distribuido por el agricultor de hoy en día en campañas. Y lleva cada una de ellas su preparación: se oxigena la tierra de la campaña anterior, cada cierto número de campañas se rota el cultivo -el barbecho está prácticamente en desuso a día de hoy, y es que la rentabilidad del campo en nuestros días no permite ese año de descanso de la tierra, que el hombre del campo ha cedido desde tiempos inmemoriales como forma de pago y agradecimiento a la naturaleza por sus servicios. Luego llega la siembra y el etc.
En una campaña el tiempo que implica cada fase está estrictamente asignado por esa entidad voluble, tan desconocida para nosotros, que es la madre naturaleza. Con esto quiero decir que por mucho que un agricultor quiera sacar dos campañas en un año le será imposible: puede sentarse a mirar cómo crecen sus plantas pero no por ello, ni por la intensidad y el deseo de su mirada, van a crecer más rápido. Es cierto también que un agricultor poco tiempo tiene para sentarse a ver cómo crecen sus plantas.
Ahora entenderéis adónde quiero llegar. Este concepto de campaña es confuso para el hijo de un funcionario, o de una cajera de supermercado, o para alguien que recibe rentas puntuales cierto día de cada mes.
En esto reside la gran diferencia. Un agricultor dedica prácticamente todo el año a cultivar un producto (en el caso de los productos anuales, claro está, los productos de invernadero y la recolección de piñones no tienen nada que ver) El producto está listo para ser recogido, y entrará a formar parte de la cadena de producción, en el momento idóneo que determina la naturaleza con las lluvias y temperaturas de cada año concreto. No antes de ese momento, antes de la maduración, ni después; no en una fecha concreta repetida periódicamente a lo largo del año.
El agricultor no puede vender el producto antes de recogerlo, y lo cierto es que no cobra en mano sino con un retardo. Al finalizar el año, el agricultor cobra por todo un año de esfuerzo, sudor y falta de sueño. Que nadie se engañe, pues con este ingreso, millonario, es cierto, el agricultor ha de sobrevivir durante el año siguiente, costearse la inversión de una nueva campaña y mantener a la familia si la tuviere.
A fin de año y a afectos contables, un agricultor percibe uno o varios ingresos muy seguidos, y no doce, uno cada mes, como hace una cajera de supermercado (profesión igual de respetable)
Todo esto viene porque a mi padre, agricultor de la remolacha, -sin por ello menospreciar a la sacarina, imprescindible para edulcorar las mentes de esos cuerpos demacrados por la enfermedad del siglo- si mi padre a fin de año, liquidación del año contable, tiene en su poder varios millones de las antiguas pesetas, que en el primer semestre del año van a ser invertidas para la campaña del año entrante -ilusiones puestas en semillas, abonos y sulfatos- le quedan para sobrevivir durante el segundo semestre del año unos míseros restos, y aquí que nadie se engañe, porque el margen de beneficio de la agricultura es mínimo, que apenas recompensa el esfuerzo, y hasta da vergüenza comprobar cómo tratan tan mal a la base de una sociedad, que es al fin y al cabo la agricultura, ya que en varios aspectos y sentidos se encuentra por los suelos.
Al fin parece que el señor vice-algo se salió con la suya, porque si a mí no me han dado una beca por ser hija de un agricultor, que a fin de año (y parece ser lo único que cuenta, los saldos a fin de año, ni declaración de la renta ni nada) resulta que soy una víctima del sistema; lo que no llego a adivinar es si soy una víctima política (y si en ese caso podría acogerme a ayudas para refugiados, o mandar una carta a la ONU o a la UNESCO) o si tan sólo soy víctima de un daño colateral, y en ese caso ya puedo tirarme de las barbas, que alguien vendrá detrás que me arreará (un poco más).
En conclusión no penséis que esto es un alegato en contra de las Becas, en realidad es un intento de justificar la prostitución en caso de verse obligada, por no recibir la beca una alumna de cine, a ejercer tan digno trabajo, con el único fin de costearse la Carrera...
¿Cómo voy a querer quedarme en el campo, viendo lo negras que pinta las cosas mi padre?
17/11/2004 20:29 Enlace permanente. Tema: Rememorando viejos tiempos No hay comentarios. Comentar.


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