
No sé yo si habremos empezado el año con buen pie... con la tiparraca esa (véase Ana Obregón) retransmitiendo las campanadas, cómo no, en TVE porque en casa de mi abuela las campanadas siempre se han visto en esa cadena, y a la pobre mujer no había que forzarla, que recién llegada, apenas hace dos semanas, de sus vacaciones del inserso a un Balneario por ahí por el norte (más al norte y más a la derecha de dónde somos nosotros) vino muy relajada, aún no había montado ninguna como la del año pasado...
Así que este año 2005 cachondo como ninguno aún me tiene que demostrar que me traerá cosas buenas. Olvidamos la tradición de quemar una
Grulla de papel*, pero mi prim y yo coneguimos atraer a otra persona al grupo de los "cacahuetes", que como su nombre indica, en vez de uvas toma 12 cacahuetes que son más monos (o nos hace más monas, aunque ya todos saben que la mona eeee mona se queda).
El fin de semana (viernes tarde a tarde de domingo) se nos pasó volando entre copas de canei y botas blancas de punta, y es que por un día todas parecíamos de
Fabero :D
La noche transcurrió sin contratiempos, a parte de ser la Nochevieja más barata que he vivido, gasté 12 euros, 10 fueron para el bote comunitario y los otros dos se fueron en chucherías que compré a la vuelta a casa, muerta de hambre y de sueño, que deboré de dos bocados sentada en la cama con unas ansias que casi me hacen asustarme, pero el peso de mis párapados pudo más y oh milagro! logré dormir de un tirón hasta las 12 y treinta de la mañana que eché la primera mirada al reloj, para levantarme prácticamente una hora después, y así evitar las colas a la hora de la ducha para estar presentables a la comida del día después, en cómo no, otra vez la casa de mi abuela.
El día de año nuevo fuimos reclutadas para la muestra de cortos de un chico joven de La Bañeza, un pueblo cercano al nuestro. El chico le pone ganas, y quizá de haber tenido alguna clase de presupuesto, el resultado habría mejorado notablemente. Es una lástima el poco o nulo apoyo que se le da a la gente joven que quiere empezar en este mundo, tristemente la mitad del público era familia suya, y la otra mitad, mi familia en tropel. A última hora, el día anterior, habían estado tratando de convencer a mi hermana y a mí misma de llevar alguno de nuestros cortos, para que el chico no se sintiera tan sólo, pero la petición nos pilló tan de sorpresa que no se pudo hacer nada. Óscar, llamémosle así puesto que así se llama, quedó de pasar por la tienda de mi hermana para ver su corto. Sinceramente, aunque yo hubiera tenido a mano el DVD de nuestras prácticas, no se me hubiera ocurrido llevarlas por dos motivos (o más), uno de ellos es que aquella era la tarde del chico Óscar, que con todo su coraje le pidió al ayuntamiento que proyectaran sus cortos; otra era por timidez al pensar la gente que podría ir a verlos, quizá gente significativa de mi infancia, ciertos viejos amigos, alguna rival de aquellos años podría desternillarse a costa de mi acento alemán, de mis modales pijos, de aquellas actuaciones estelares que mantengo lo más lejos posible de mi retina...
Después de los cortos, llegó la hora de los cortos, en mi caso y en el de la gente que convencí, copichuelas sabrosas de canei, suaves como el agua. Quizás fueron 4 o 5, tantos que casi llegamos tarde, las llamadas apremiantes empezaron a sonar camino, otra vez, de la cena de casa de mi abuela. La cena del día de año nuevo siempre sabe a sobras y a imporvisación, aunque sea obra de la misma mano maestra que en los platos especiales de fiesta, la mano de mi madre. Bien pensado, si mi madre es la que cocina, y friegan (o fregramos) hijas y nietas, no sé de qué se estresa mi abuela, si aun cuando rompemos las copas son las copas que le acabamos de regalar para poder romperlas a gusto...
Creo que esa noche fue nuestra última aproximación al alcohol, quitando el corto (esta vez ya sí, pero con gas) de la mañana del domingo en Belfast. La noche anterior no salimos porque estábamos tan cansadas, que nos pusimos a ver una película y mi prima no tardó no 20 minutos en dormirse. Podría haber aprovechado a cambiar de canal, pero estaba tan a gusto en el sillón que me tragué de principio a fin la pastelosa
Sweet Home AlabamaEl domingo por la tarde, herida por la prisa, rechacé la cena que teníamos previstas después de que mi pareja de hecho, mi prima Laura se rajara de malas maneras. Laura y yo siempre hacemos de pareja de hecho en las cenas de "Primas Con" porque el payasete de su novio va a su propio rollo (palabras textuales) y el Sr.F no sé si estaría por la labor de poder venir. Así que me perdí la cena en un tonel, que además había sido idea mía, por una mezcla de principios tontos, cabezonería y estrés pre-fin de vacaciones de navidad. Ya les había avisado que la cena de "Con" debía ser cuando mi hermana y Jorge estuvieran ya instalados, lo que sucederá en un plazo de dos o tres meses, pero esta vez, los enfermos de prisa fueron ellos.
Cosas peores se ven por el mundo, como a Ana Obregón retransmitiendo la entrada de año. Los indignados, como yo, si los hubiere (quiero creer que sí) pueden echar una firmilla al pie de esta parrafada. Está bien para empezar el año, no hay que escatimar ahora que tengo los medios.
Leyendo actualmente (costándome mucho, la verdad) --> Javier Marías - Tu rostro mañana. I Fiebre y lanza.
Último libro leído --> Ron Brinkmann - The Art and Science of Digital Compositing (felizmente terminado)
Por cierto, si hay que hacer propósitos para este año que entra, ojalá Mostaza se haya atragantado con las Uvas. Y estuviera viendo la Primera al dar las campanadas. Se quedara aislado en la montaña sin más alimento que su querido libro en inglés.
Ahora mismo escuchando --> PJ Harvey - Uh huh her - Life and death of MR Badmouth
Son las tres de la mañana, e intento aplazar lo más que puedo la hora de irme a la cama, entre esas gélidas sábanas y pesadas mantas que no me protegen del frío polar de León a principios de Enero. Una vez más, haré el esfuerzo.
*Por si a alguien le interesa, desde
aquí, puedes descargar el diagrama de la Grulla y de otras figuras (la que yo realizo es la llamada Orizuru, un desarrollo tradicional, que es el único que me ha quedado de memoria de esa afición que tuve cuando era más pequeña)