En el transcurso de la investigación, trantando de esclarecer los hechos, limité la hora de la muerte entre las nueve de la noche del miércoles 3 de noviembre y la una, una y media del jueves 4 de noviembre. Repasando mis acciones, recordaba haber usado a Meka sobre las nueve de la noche, para transportar a mi ordenador (Mi niño) ciertas descargas desde el aula de informática. Habíamos salido de clase a las siete y media, y el resto del sindicato me esperaba en "El Burbia" (sede de la revolución) para evaluar y redactar ciertos documentos. Pero me embobé, (¡cómo no!) y pasé, calculo unos 40 minutos, en el aula de informática mientras Ángel trataba de convencerme de lo grande que era Carmen de no sé quién. Vaya planazo, tres siluetas recortadas en el horizonte de una colina... Me deshice de Ángel y de sus ansias cinefílicas como pude, aunque no fue la excusa tan grande y memorable como la de esta misma mañana (Tengo que dejarte, Angelillo, porque he subido hasta aquí sin
kleenex...). Pasé por el Burbia pero todo ya había sido hablado, y no quedaban allí más que los de siempre. Así que enfilé para casa. Había, como siempre, coches atascando el paso de peatones en la Avenida del Castillo, a la altura de la Glorieta de Cine. Maldije, como todos los días al pasar por delante de esos coches, muchos de ellos reincidentes, a sus conductores y la tómbola dónde les habían regalado los cartnés. Subí a casa, no recuerdo en cuál de los tres ascensores, aunque intuyo que este no es un dato relevante. En casa, seguramente fui directa al ordenador para disfrutar de mis nuevas adquisiciones; estaba tan tranquila en la habitación hasta que picó Susanita (que no tiene un ratón sino una obsesión por
Nacho Vidal). Reconozco que le hacía poco caso, ella sentada en el borde de mi cama, mirando una propaganda del
Mobeltur y yo embebida (o embobada) con mis cosas. Sus pies se acercaban peligrosamente al cordon de Meka, que ya no volveré a colgarme al cuello. Desenchufé a Meka, y seguí con mi ardua tarea de ordenar y renombrar las carpetas de música. De repente algo en Susana recaló mi atención. Fuera lo que fuera, no pinta nada en esta historia porque Meka estaba sano y salvo en la mesa.
O eso yo pensaba. No puedo asegurarlo.
A la mañana del jueves, para cumplir un recado a unos chicos del foro, volví a internet, a la sala de ordenadores, pero en ella se había extendido una enfermedad llamada "Cata Virtual" (¿Para qué demonios quiere la gente probar vino por internet??) y los nuevos equipos habían desaparecido, dejando sólo a sus paso los viejos pentium, aquel con el win95 y el otro sin Sistema operativo... Decidí cumplir el propósito de mi mañana, más que nada para calmar el mono de internet, y me presneté en el CopySpace, con mi libreta de cosas por hacer en internet y mi pobre niño Meka. Casi una hora después, intenté acceder a Meka y transferirle aquella valiosa carpeta llenada de fotos y demás elementos recopilados de mil páginas, pero Meka no dio señales de vida. Achaqué este fallo, al ciber porque tal vez (vaya una razón más tonta se me ocurrió) tenían de alguna manera "capado" el windows para que no se utilizaran USB. No pensé más en ello hasta el lunes pasado, día 8 de noviembre, que fue cuando tuve necesidad de Meka. Pero Meka no respondía en ningún ordenador de la sala de Multimedia (aula 103), y empecé a preocuparme. Al llegar a casa, tenía la esperanza de que Meka, mi fiel Meka, respondiera conectado a Mi Niño, hacerle un formateo y volver a tenerlo como nuevo, tan útil él... A la noche, el Sr.F le echó una ojeada y certificamos su muerte: tenía una herida abierta en el costado, demasiado para ese frágil cuerpo azul semitransparente.
Los interrogantes aún planean sobre este oscuro hecho, y a la hora de redactar este informe, nuevas dudas se ciernen sobre el caso. Meka tenía 6 meses y en su día me costó 40€.
Mañana con un poco de suerte, celebraré la Inauguración del
MediaMarkt arramplando con un nuevo Meka, y quizás su hermano grande el Disco duro externo que llevo comprándome desde el final del verano. Todo con la venia de mi padre, que se ha empeñado en venirse de compras oliéndose quizá la derrochada de mañana.
Vuelve el Rock Mesiánico... digo el Consumismo compulsivo, por las calles aflora la decoración de Navidad y no tardará la tele en freírnos con anuncios de juguetes y rehogarnos en anuncios de champán...